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¿Para qué dibujar?

  • ignaciodmch
  • 24 jun
  • 4 min de lectura

Recuerdo dibujar en los bancos del colegio, la sensación era maravillosa: el marcador negro sobre un pupitre de madera barnizado, líneas lustrosas que se iban secando, imprimiendo personajes de otras realidades, frases mal citadas, logos de bandas, fragmentos de canción; todo parecía confluir en un collage, la mesa era soporte y lienzo, la obra era una acumulación de dibujos con distintas fechas, colores y grosores, sumatoria de cultura popular e imaginario adolescente que es tan sólo un atisbo del rico mundo interior que vamos explorando con cada sueño, con cada boceto.


Ejercicio de "dibujar las mesas" hecho en clases de arte
Ejercicio de "dibujar las mesas" hecho en clases de arte

Comenzamos a dibujar de niños, antes de lo que aprendemos a escribir. Esto no es novedad, hay varios libros que tratan ese tema e incluso que nos proponen ejercicios para re-vincularnos con nuestra historia artística, como el espléndido manual de Betty Edwards "Aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro". La pregunta que hago, "para qué dibujar", está más bien asociada a las sensaciones, emociones y descubrimientos que el dibujo nos ha proporcionado en nuestra historia y cómo éstas han sido tan determinantes que nos han mantenido dibujando por años.


He ido reflexionando sobre las dimensiones que atraviesa el dibujo y como cada una crea un vínculo de vital importancia con nuestro quehacer artístico. Conocerlas nos hace más ricos, más elocuentes, nos hace diversos. Algunas de estas dimensiones son:


  • Textural: Asociado al sentido del tacto. Es lo que nos hace elegir un material por sobre otro, la cremosidad del lápiz pastel versus la dureza técnica de un tiralíneas. Cada herramienta nos da una ventaja y una limitación: el carboncillo es suelto y a la vez sucio, el grafito es más limpio y a la vez es menos contrastado, el estilógrafo es preciso y siempre constante, el pincel es variable y expresivo, las varas de sauce son livianas pero efímeras, el marcador es indeleble pero decisivo. Todo esto y más combinado con papeles, cartones, telas u otras superficies que podemos escoger para desarrollar nuestra obra. Las combinaciones son prácticamente infinitas y nuestras preferencias irán cambiando en la medida en que exploremos nuevas técnicas, materiales y procesos de trabajo.

Dibujos en carboncillo, grafito, sanguina, tiralíneas y marcador.
Dibujos en carboncillo, grafito, sanguina, tiralíneas y marcador.

  • Expresiva: Esta tiene íntima relación con nuestras emociones. Aquí el dibujo se presenta como una oportunidad de descarga; líneas, sombras, caras, palabras, símbolos, son reunidos en una hoja, materializando un estado emocional. Es a la vez liberación y representación, podemos ver, gracias a nuestros propios trazos, qué nos ocurre, y damos a otros (si es que alguna vez mostramos estos dibujos) la posibilidad de ver lo que nos pasa sin tener que verbalizarlo. Ofrece una salida más directa, aunque también más sucia, al trabajar con aspectos pre-verbales de nuestro ser.


  • Técnica: Ligada al oficio y las habilidades motrices. Sin duda un gran punto de entrada y atracción para quienes profundizan en su camino artístico. Conocer y dominar las técnicas, materiales y procesos de una disciplina es fundamental. Algunos tomamos cursos para ser mejores técnicamente y tener más herramientas a la hora de crear sólo para olvidarnos completamente por qué empezamos a dibujar y quedarnos años ensalzando la técnica. No es malo tener buena técnica, al contrario, es un área esencial de dominio para cualquier artista, sin embargo hay un enorme peligro en enamorarse de la técnica y olvidarse del contenido. Abandonarse al mimético mundo de las formas puede convertirnos en unos vacíos copistas. Como decía un profesor mío de arte "me gusta su pintura, pero siento que si corto ese durazno a la mitad ya no hay nada, deja de existir."

Dibujo preparativo para reproducción de un retrato de Rembrandt
Dibujo preparativo para reproducción de un retrato de Rembrandt

  • Meditativa: Dimensión trascendental del arte. Aquí el dibujo se nos presenta como una meditación activa. El mundo exterior se acalla, el interior se calma, nuestra energía se canaliza en una sola dirección, sin esfuerzo, y el tiempo desaparece. A esto se le llama "fluir" o "estar en la zona". Es una sensación preciosa que requiere entrega y veracidad. Muchas veces, el arte es la única actividad en donde las personas son capaces de fluir y entrar en contacto con su verdadero ser. No se trata de dibujar mandalas o de escuchar frecuencias durante nuestra práctica, sino del estado último que alcanzamos cuando estamos verdaderamente presentes al hacer, independientemente de lo que dibujemos.


  • Creativa: Fuerza dadora de vida. Es la que encuentro más espectacular de todas las dimensiones. El dibujo nos da la capacidad de crear, nuevos seres, nuevos espacio, nuevas formas de representar el mundo que nos rodea, de transfigurarlo, atravesarlo, de organizarlo y de darle sentido. Un simple boceto tiene la potencialidad de convertirse en un mueble, en una casa, en un jardín o en un vehículo de transporte internacional. Cada boceto es una semilla. Plantar más y mejores ideas renueva el mundo, lo hace florecer. Para eso hay que evitar que las ideas se estanquen en nuestra mente y hay que bajarlas a papel, idealmente en un diario de dibujos.


    Boceto para una máquina de volar por Leonardo Da Vinci
    Boceto para una máquina de volar por Leonardo Da Vinci

Quizás alguna de estas dimensiones nos den a entender mejor qué es lo cautivante de dibujar y nos provean de razones para seguirlo haciendo. Lo importante, creo, es recordar por qué es que verdaderamente dibujamos. Una buena manera de verificarlo es preguntándonos: ¿Nuestro niño interior que quería dibujar estaría orgulloso de nosotros?

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